La pérdida gestacional temprana

Ser madre puede convertirse en uno de los mayores deseos para una mujer. Más a menudo de lo que se cuenta, este anhelo se puede alargar en el tiempo por dificultades de todo tipo, pero sin duda la más traumática se encuentra al enfrentar la pérdida de un embarazo muy deseado. Poco se habla de los abortos tempranos y de su manejo, quizá por su elevada frecuencia, quizá porque en ocasiones apenas se ha comenzado a hacer un seguimiento médico del embarazo, quizá por eso, se suele vivir en silencio. Este silencio y esta soledad pueden ir en aumento si los abortos son recurrentes, porque a menudo ya ni el embarazo se ha comunicado al resto de la familia y amigos. El miedo a la pérdida puede con todo, y ante la noticia de un nuevo embarazo es habitual el miedo a ilusionarse, la ansiedad y temor ante una nueva pérdida.

A menudo el entorno cercano cae en la misma dinámica del silencio y de no decir nada “para no recordárselo”, pero lo cierto es que es muy importante acompañar a una mujer que transita por algo así. La negación de la pérdida es dolorosa. La actitud de la pareja y de la familia es determinante para evitar que el duelo se torne en “patológico”. Es normal no saber que decir, pero no decir, no significa “no acompañar”. Podemos acompañar con nuestra presencia. Los abrazos y las miradas se sienten y llegan más allá que las palabras. Preguntar cómo está y que ella hable cuando quiera, que exprese sus miedos y los respetemos. A su vez, la detección de un malestar intenso que se alarga en el tiempo es de gran interés para animar a la persona a que acuda a grupos de apoyo o reciba ayuda psicológica. 

No conviene preguntar si lo van a volver a intentar ni decirles que siempre existe la opción de adoptar, ya que ni mucho menos es un proceso sencillo ni es lo que la mujer anhela en ese momento. Ella quiere un embarazo, quería ese embarazo con todas sus fuerzas. Por lo tanto, hablar de otras alternativas que todo el mundo conoce, es algo que, salvo que se tenga un vínculo muy estrecho, conviene que sea la propia pareja quien lo ponga sobre la mesa, llegado el momento.

Hoy en día, la mayoría acabarán con un precioso bebé en sus manos, pero nunca olvidaran por lo que pasaron. 

Sin embargo, a veces sencillamente no se puede más. Para una mujer que ha llevado a cabo varios intentos de gestación que no han llegado a término, puede haber un momento en que su cuerpo y su mente le digan: “se acabó, no puedo más”. Este proceso de duelo será complejo y posiblemente prolongado, puesto que se deja atrás un proyecto de vida y ahora tocaría construir uno nuevo. Quizá no quiera juntarse con familias con niños durante un tiempo ni coincidir con embarazadas. Todo ello entraría dentro de la normalidad, y debemos respetar sus tiempos.

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