Qué es y qué no es normal durante la adolescencia

Los cambios que se producen durante la adolescencia suelen sorprender a muchos padres que, aunque habiendo pasado también por ello, a menudo no se sienten identificados con lo que observan en sus hijos. Cierto es que ellos tuvieron otros padres y otro entorno, pero en términos generales, la pubertad es una etapa del desarrollo evolutivo con características similares para todos.

No obstante, en este periodo de la vida, también afloran muchas dificultades tanto intrapersonales como de la propia dinámica familiar. Es importante para los padres, saber qué es esperable en esta etapa y qué no es propio de ella, puesto que hay síntomas que son una clara muestra de malestar que requiere ser atendida.

La adolescencia es una etapa de duelo. Los chicos sienten el impulso del desarrollo como personas adultas, en un mundo que no conocen, que les atrae pero que a la vez temen. Quieren empezar a tomar sus propias decisiones y sienten la necesidad de diferenciarse de las opiniones y criterios de sus padres en la búsqueda de su propia identidad. Se pasa de la idealización de los padres al cuestionamiento constante. A su vez, están llenos de miedos e inseguridades que suelen tener dificultades para transmitir y a menudo se traducen en marcados cambios de su estado anímico, también reforzados por los cambios hormonales. Tienen miedo a crecer, y a su vez no quieren ser los últimos en hacerlo.

Son muy sensibles a la crítica y al cuestionamiento, por todo lo explicado anteriormente. La necesidad de intimidad se dispara, y pasan largo tiempo encerrados en su habitación sin querer saber del resto del mundo. La prioridad ya no es compartir con los padres sino con los iguales, demandando pasar el máximo tiempo con ellos, sin embargo, necesitan saber que sus progenitores están ahí, disponibles para ellos. Es habitual una vuelta al egocentrismo, de forma que sienten que todo gira en torno a ellos.

A veces es difícil para los padres seguir esta oleada sin perderse en las batallas, por lo que puede ser enormemente facilitador el pedir ayuda profesional para gestionarlo.

En resumen, es un periodo de transición, más o menos agitado, de alta emocionalidad, y muchos cambios, pero que la mayoría superan sin dificultad.

Cuando hay que preocuparse:

  • Si muestran largos periodos de tristeza y melancolía.
  • Si la actitud retadora y de cuestionamiento en casa, supone una fuente de tensión y conflicto constante.
  • Si la preocupación por la imagen corporal es excesiva y muestran señales de malestar o alteraciones de la conducta alimentaria.
  • Si el contacto social con iguales es escaso e incluso se observa cierto aislamiento.
  • Si la implicación en conductas de riesgo es excesiva y preocupante.
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